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domingo, 11 de agosto de 2013


 
Dentro de la luz. Aguafuerte en zinc. 50 x 40 cm. 2008
 
 
 
IX

 

Luz María se cambió de casa. Sus padres habían adquirido una propiedad a seis cuadras del barrio. Venía por las tardes a visitar a la abuela y pasaba por donde estaba Damián platicando con algún amigo; se quedaba a unos metros, sin decir nada, esperando que le viera. Poco a poco dejó de ir de visita al barrio y Damián, cada vez más metido en sus materias y dibujos, salía poco de casa. El rostro de Luz María fue desvaneciéndose entre las visiones de las obras de pintores y escultores que acumulaba Damián en la cabecera de su cama, conde pasaba buena parte del día leyendo.

 

Era 1968. En el país había un temor generalizado al comunismo. La efigie de Guevara había cobrado una importancia tremenda y se veía por varias partes de la ciudad el graffiti de Hasta la victoria siempre. En tres años ingresaría a la Preparatoria. Había dejado de ser niño. La importancia de cuanto ocurría en el mundo era una demostración de que el niño Damián ingresaba en el mundo de todos, en el que era definitiva su colaboración, en la forma que fuera, y donde se vería cuánto había aprendido, si es que había aprendido algo en esos trece años.

 

Una conspiración comunista amenazaba el país, decían los noticieros, con la intención de impedir los Juegos Olímpicos, los Juegos de la Paz. Damián podía ver cómo la cultura griega, con sus símbolos y sus tragedias- ya había leído a Sófocles y Eurípides- seguía siendo una referencia de lo excelso, lo más notable, lo ejemplar. En Olimpia se realizaban justas atléticas 776 años antes de la Era Cristiana. En México habría una olimpíada ese año. El país se había endeudado con Francia para instalar la red de transporte colectivo METRO en la capital del país, que sería visitada por muchos países con motivo de los Juegos. Nadie supo sino años después lo que había pasado antes de la inauguración de la fiesta olímpica. Fiel a su costumbre, Damián descreía de lo que decían los noticieros. La ola comunista, a la que tanto temían, no era más que un velo que ocultaba algo más, se supo después: la matanza de estudiantes que marchaban pacíficamente a lo largo de la ciudad, en protesta por ciertos desacuerdos del gobierno con las demandas de los estudiantes del Politécnico, la Universidad Nacional y algunos grupos de intelectuales, obreros y amas de casa. El ejército mexicano (un soldado en cada hijo te dio…) disparó contra la multitud. Allá estaba su amigo Salvador, estudiando.

 

Era el año signado por acontecimientos impactantes. Damián iba sacando conclusiones, había crecido bajo el paraguas de Gombrich, los antiguos mayas, la excavación de Troya. Pero había más para su educación sentimental. Irónicamente, meses después de la masacre ordenada por Díaz Ordaz, la Organización de las Naciones Unidas declaraba en diciembre a 1968 como el Año Internacional de los Derechos Humanos.

 

L año siguiente ideó un juego de mesa, poniendo los hechos de 1968 a considerar:

 

·         Segundo trasplante exitoso de corazón, en Sudáfrica, bajo la dirección del eminente cirujano Chistian Barnard, en enero, al tiempo que inicia la invasión de Vietnam de parte del ejército estadounidense.

·         Reelección de Stroessner, dictador de Paraguay, mediante fraude electoral, en febrero, en el mismo mes en que se descubren 700 páginas de los cuadernos de Leonardo da Vinci, en Madrid, y USA bombardea Hanói, Vietnam.

·         Matanza de civiles en My Lai, en marzo.

·         Asesinato de Martin Luther King, en abril.

·         Mayo francés, en el mes de mayo, cuando en la televisión mexicana nace el programa En familia con Chabelo.

·         Atentado a Robert Kennedy, que muere al otro día, en junio, mientras la ETA aparece en la escena internacional al perpetrar su primer asesinato en la persona de un guardia civil.

·         Condena papal de la píldora anticonceptiva de parte de Paulo VI.

·         Toma de la Catedral Metropolitana de Santiago de Chile, por la Iglesia Joven, en protesta por la visita de Paulo VI. Ponen en el altar posters de Ernesto Guevara y Camilo Torres, en agosto, en tanto la URSS invade Checoslovaquia para liquidar la Primavera de Praga.

·         Linchamiento de cinco jóvenes estudiantes de la Benemérita Universidad de Puebla, en San Miguel Canoa, estado de México, en septiembre.

·         Golpe de estado en Perú, a manos del general Juan Velasco Alvarado., mientras se inauguran en México los Juegos de la Paz, diez días después de la matanza de estudiantes en Tlaltelolco, en tanto llueven tres millones de bombas sobre Laos, Vietnam, y aparece en el Álbum Blanco la canción Obladí obladá de los Beatles.

·         Se estrena, en diciembre, 2001: Odisea del espacio, de Stanley Kubrick, como también El bebé de Rosemary, de Roman Polansky.

 

 

Solamente el último punto y parte del primero resultaban halagüeños. Proponía combinarlos en un cubilete y arrojarlos en la mesa. A ojos cerrados podía uno escoger uno. Según lo que te tocara en el papelito escrito te correspondería enterarte a fondo.

 

-Es un juego aburrido- decían uno de sus amigos.

-¿Qué caso tiene eso?- protestaba otro.

-Toma uno a ciegas- les pedía.

-Pero si todos son desastres- decía uno de sus hermanos.

-¿No tienes otra cosa en qué pensar?- encaraba uno de sus hermanos mayores.

-¿Qué quiere decir Vietnam?- preguntaba alguien con el papelito en alto.

-¿Hay premios?- alguien preguntaba.

-Sí. Les haré un retrato a lápiz a quien desarrolle el punto.

-Perdemos. Yo no sé nada de eso- decía otro.

-Yo solamente conozco lo de los Beatles- decía la hermana.

-Bitles- replicaba uno de sus hermanos menores- ¿verdad?

-Obladí Oblada- contestaba Damián.

 

Todos rieron. Era terrícola, comentaron. Damián era terrícola. Aunque se había vuelto insoportable, siempre pidiéndoles que pensaran un poco, era de este mundo. Todos sabían que esas fechas eran veraces, no las había inventado nadie. Decididamente era un juego perverso. Esa era la herencia con la que vivirían en adelante. Jugaron.

 

-Cómo has cambiado, hijo- decía su padre.

-¿Dónde está mi hijo calladito?- se acercaba mamá a darle un beso en la frente, mientras depositaba un plato humeante de arroz con rodajas de plátano.

-Aquí, mamá- señalaba el centro del pecho de su madre.

 

Eran las dos de la tarde.

Semanas después se quedaría a cuidar de su padre que había tenido un accidente en carretera. Para él no era ningún trabajo hacerlo, acostumbrado como estaba a quedarse en casa mientras sus compañeros de la misma edad se adueñaban de la calle, de las muchachas, de los juegos cada vez más parecidos a la guerra, una guerra de niños, pero finalmente una guerra.

 

Esa tarde pasó Luz María por el barrio. Había crecido y dejaba de ser niña también.

 

-¿Cómo estás?- pregunta.

-Bien, muy bien.

-¿Qué haces?- insiste

-Cuido a mi padre.

-Siempre fuiste atento con tus padres. No me extraña- sonríe la muchacha.

-Gracias, Luz María.

 

Pronunciaba su nombre como un abracadabra, para transportarse a un lugar donde pudiera respirar a fondo. Esa tarde ella aceptó comer una paleta de hielo juntos, afuera de la casa de Damián. Le pidió que la visitara en su barrio seis cuadras abajo. Cualquier día de estos, dijo Damián. Okey. Era una palabra de moda. Okey. Ella le besó la mejilla y notó el sonrojo de Damián. Prefería las palabras antiguas, no las nuevas. El tiempo, pensó corre de prisa ahora. Hasta luego, decía agitando su mano fina Luz María. Okey, respondía él, sonriente, seguro de que volverían a estar juntos, sentados en alguna piedra, platicando sin ton ni son, seguro él de que había mucho que platicar, segura ella de que le sería devuelto el beso, quién sabe.

 

Ixquic desobedeció.

Había un árbol.

Los señores del infierno habían prohibido acercarse a este árbol.

Tomó una jícara del gran árbol que habla, donde estaba la cabeza de uno de los antepasados de Hunahpú e Xbalanqué.

La cabeza que ella había tomado le dijo unas palabras y escupió sobre su mano.

Quedó preñada.

La cabeza prometió una progenie divina.

Sonreía.

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